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Inglés para hispanohablantes

Casi todo hispanohablante lleva años de inglés encima y casi todos se atascan en el mismo sitio: leer va bien, entender una película va regular y hablar cuesta. No es cuestión de talento. El español te adelanta mucho terreno en vocabulario y casi ninguno en sonido, y conviene saber cuál es cuál.

La mitad del vocabulario ya la tienes

El inglés absorbió una capa enorme de latín, y esa capa es justo la que tú ya conoces. Las palabras cultas, técnicas y académicas se corresponden casi una a una: nation, opportunity, university, information, responsibility. Donde un lituano o un finés tiene que memorizar de cero, tú reconoces.

Las correspondencias son tan regulares que se pueden aprender como reglas. La terminación española en ción da tion, la de idad da ity, la de oso da ous, la de mente da ly. Aprender el patrón vale por cientos de palabras sueltas y convierte un texto formal en inglés en algo casi legible desde el principio.

Esto tiene una consecuencia práctica que casi nadie aprovecha: en inglés lo formal te resulta más fácil que lo cotidiano. Un informe técnico se entiende antes que una conversación en un bar, porque la conversación se hace con las palabras cortas y germánicas que no se parecen a nada tuyo.

Y esa mitad te va a traicionar

Actually no es actualmente, es en realidad. Embarrassed no es embarazada, es avergonzado. Constipated no es constipado, y el equivocarse aquí sale caro en la consulta del médico. Exit no es éxito, es salida. Carpet no es carpeta, es alfombra. Library no es librería, es biblioteca. Sensible no es sensible, es sensato.

Todas comparten el mismo mecanismo: la palabra suena conocida, así que no se comprueba. El vocabulario que reconoces se revisa menos que el que no reconoces, y por eso los errores viven años sin que nadie te corrija.

La regla que funciona es incómoda pero corta: la palabra que te parece familiar se comprueba primero, no la última. El parecido es una hipótesis sobre el significado, y se equivoca lo bastante a menudo como para no fiarse.

La gramática te alivia y la sintaxis te aprieta

Buenas noticias primero. El verbo inglés apenas se conjuga: donde tú manejas decenas de formas por verbo, el inglés te pide cuatro o cinco. No hay género gramatical. No hay concordancia de adjetivos. La parte que a ti te parecía la más pesada del español simplemente no está.

La factura llega por otro lado. El sujeto es obligatorio: en español dices llueve o vino ayer, y en inglés hace falta poner it y he porque sin sujeto la frase no existe. El orden de palabras es rígido, y tú vienes de una lengua que lo mueve con soltura gracias a las terminaciones del verbo. Y aparece el auxiliar do en preguntas y negaciones, que no traduce nada y no tiene equivalente en español.

Con los tiempos, cuidado con el falso parecido. El present perfect se construye igual que el pretérito perfecto compuesto, pero no se usa igual, y traducir uno por otro produce frases que suenan raras sin que sepas por qué. Se aprende por situaciones concretas, no por equivalencias.

La pronunciación te delata a un kilómetro

El español tiene cinco vocales y el inglés bastantes más, así que muchas parejas que a ti te suenan idénticas son palabras distintas: ship y sheep, live y leave, full y fool. No es un detalle de acento, es comprensión. Y el sonido más frecuente del inglés es una vocal débil que no existe en español y que no se escribe de ninguna manera fija.

Después está la e que se cuela sola. Tu boca lleva toda la vida diciendo escuela y España, así que school y Spain salen con una e delante sin que te des cuenta. Es una de las marcas más reconocibles del acento español y se corrige con atención consciente, no con más horas de escucha.

Y los grupos de consonantes al final de la palabra, texts, asked, worlds, que en español no ocurren nunca. La tentación es partirlos con una vocal. Aquí la única cura es repetir en voz alta: ninguna cantidad de lectura silenciosa mueve la boca.

Un plan y un plazo sin adornos

Empieza por las mil palabras más frecuentes, que son cortas, germánicas y no se parecen a nada tuyo, precisamente porque son las que te faltan. La capa latina puedes dejarla para cuando aparezca sola en la lectura.

Después los verbos irregulares, que son unos cuantos cientos, con la mala suerte de que los más comunes están casi todos ahí. Se aprenden en frases, no en listas de tres columnas. Los phrasal verbs vienen por temas y hacia el final del primer año, no antes.

Plazos realistas partiendo de una base escolar y media hora al día: lectura cómoda en dos o tres meses, series sin subtítulos hacia el año, conversación de trabajo tranquila en año y medio o dos. Hablar no crece solo: una hora semanal con una persona real mueve más que diez de ejercicios.

Dónde ayuda Verba y dónde no

Verba se ocupa del vocabulario: las palabras que ya te encontraste vuelven a ti justo antes de que se te escapen. Cada una llega con ejemplo, audio y traducción, y el relato del día las devuelve dentro de una frase en lugar de dejarlas en una lista. El repaso de la mañana dura dos minutos, y esa es la idea: tiene que caber en un día normal.

Lo que no hace. No te enseña los artículos ni los tiempos verbales, porque eso es un sistema y no un conjunto de piezas que recordar. No da fluidez, que solo se entrena hablando bajo presión de tiempo. Y no entrena el oído: una palabra que reconoces con los ojos se funde con sus vecinas en el habla rápida, y para eso hace falta una hora aparte cada semana.

Palabras por las que empezar

Cada idioma de los mazos ya preparados tiene una lista abierta: significado, pronunciación, formas y un ejemplo real en cada página.

Guarda aquí las palabras que de verdad te cruzaste

El mazo de inglés de Verba está hecho de entradas reales con ejemplo y audio, y puedes ampliarlo con lo tuyo: una palabra de un correo, de una serie, de una reunión que seguiste a medias. Cada mañana vuelve una lista corta con lo que toca, no el mazo entero.

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